DOS SEGUNDOS DISTINTOS

Mi zapatilla se desliza por la acera de forma irremediable. Deseo recomponer el equilibrio pero mi pie y pierna derecha desobedecen, bien como si no me perteneciesen, o bien que ya no quisieran seguir formando parte de mi ser. A cámara lenta diviso a media altura mi babucha rosa despedida que voltea lentamente hacia arriba; mi pie desnudo apunta al cielo; mi cuerpo en el aire y en horizontal; mi holgada falda, al viento; mi vista fija al frente, hacia el infinito, hacia la gente que me mira y a los que se asombran al verme. Ya nada soporta este cuerpo que se desploma. Recuerdo que no llevo bragas. Mis piernas abiertas, mi figura desecha, la dignidad y los huesos por los suelos. Había salido apresuradamente de la ducha para avisar al butanero antes de que se marchase. Oigo la voz de un vecino que grita mi nombre. La gente se arremolina, me miran y yo no sé dónde mirar. Son momentos eternos.

Luego, mi vecino, que ha sido testigo, ha narrado así todo lo ocurrido: Ella salía corriendo por el portal y al llegar a la calle ha resbalado con una cáscara de plátano y ha caído de espaldas.

IsidroMoreno

DÍA DEL PADRE

Es lo que tienen las mudanzas y los zafarranchos de limpieza, que te reencuentras con objetos y recuerdos del pasado que creías perdidos. A menudo no sabes lo que hacer con esos objetos, sin embargo, los recuerdos no te dan a elegir.

Dentro de una de tantas cajas del trastero, encontré una vieja carpeta azul de gomillas pasadas por el tiempo. En su interior, cuadernos, folios amarillentos de trabajos escolares y, entre ellos, bastantes dibujos con dedicatorias a mi papá desde mi época en la guardería hasta casi la adolescencia y, eso sí, con muchos corazones rosas que, como a todas las niñas, me gustaba dibujar. Estoy segura que fue mi abuela quien los salvó de la quema y los guardó como si fuesen un tesoro.

Hoy, casualmente día del padre, he encontrado esa carpeta y se la he mostrado a mi hija de siete años. Ha juntado sus dibujos escolares de felicitación por San José con los míos, y me ha preguntado que si yo tampoco tenía papá cuando era pequeña. De repente, la larga historia que desde hace años tenía preparada en mi mente para narrársela a mi hija, ha quedado resumida en un ahogado y simple: «Tampoco, cariño. Tampoco».

Al girarme para que ella no notase mis ojos arrasados, he visto a mi madre que, con natural disimulo, guardaba los dibujos de mi hija y los míos en una misma carpeta azul.

IsidroMoreno

TERAPIA

El escenario es invadido por los músicos con sus instrumentos. Ellas de riguroso negro. Ellos de esmoquin y pajarita negra. Ruidos de sillas, afinaciones de instrumentos, leves murmullos del público. Algunos violines no tienen cuerdas, un violonchelista no tiene arco y el contrabajo solo tiene una cuerda. El solista de oboe hoy no se ha traído el instrumento. Por un lateral aparece el director. Aplausos. Todos los músicos se levantan de sus sillas; el director sube a su tarima y con inclinación reverente, saluda al público. Acto seguido, volviéndose a la orquesta, con sutil gesto ordena que se sienten. Levanta la batuta. Todos le miran. Silencio absoluto en la sala. Con vigoroso movimiento de brazos da inicio al concierto. Los músicos permanecen estáticos. Ni un solo ruido de instrumentos. Ni un solo ruido del público. Sólo se escuchan los sonidos del silencio.

Tras sesenta minutos de quietud, de un afinadísimo y armonioso silencio, el director marca el último compás, se gira hacia el público, saluda con reverencia e invita a sus músicos a levantarse de sus sillas y que hagan lo propio. El público, silente, emocionado pero sereno, se levanta de sus butacas y tras cinco minutos en pie como agradecimiento, comienza a abandonar el teatro.

Mañana, nuevos grupos de espectadores, “silencio-adictos” y pacientes de «Silencio terapia» volverán a abarrotar la sala de conciertos.

IsidroMoreno

COWBOYS

Nadie dijo que la vida de vaqueros fuera fácil, pero tiene sus momentos de intensa emoción, como ahora que mi inseparable amigo y yo, a lomos de dos hermosos alazanes y volteando nuestros lazos, intentamos atrapar a un potrillo y una vaca que nos preceden. En uno de los quiebros, mi amigo ha perdido el sombrero y, lejos de apenarse, continúa cabalgando a toda risa y a toda prisa.

Observamos que nos persigue un camión de bomberos con sirena y campanillas, le hacemos un corte de mangas y clavamos los talones en las ijadas de nuestros caballos mientras gritamos, ¡arre caballo! De pronto, otra sirena nos recuerda que tenemos que bajar de nuestras monturas entregar los sombreros —ya mi colega está buscando el suyo entre las patas de los caballos— y nos informan que si queremos repetir experiencia, hemos de volver a pasar por taquilla de este fabuloso tiovivo.

IsidroMoreno

EL JUICIO

Todas las acusaciones recaían como losas sobre los cuatro lobos sentados en el banquillo. Tan sólo Alfa aparentaba entereza mientras que Betty, Gamma y Delta mostraban notable pena e impotencia ante las injustas imputaciones. Tras larga y tensa sesión, y a falta del veredicto, irrumpió en la sala el joven lobezno Omicrón que, con un dosier entre los dientes y rodeado de varios guardabosques y policías, se acercó a la tarima para depositar la documentación probatoria que el abogado de oficio había olvidado.

Se mostraba una fotografía de Alfa, vestido de abuelita rodando la película de “Caperucita en Los Alpes” con certificado y fechado de la productora “Perrault Films”, por lo que se le eximía como ladrón de gallinas en un corral a cientos de kilómetros.

También un artículo de periódico portugués, con foto incluida, en la que se distingue a Betty, Gamma y Delta portando una pancarta en la manifestación de lobos en Lisboa, justamente el mismo día en que fue atacado el rebaño de ovejas en los montes asturianos. Por cierto, en las pancartas se podía leer: «NÓS, LOBOS, QUEREMOS O NOSSO ESPAÇO». «NÃO SOMOS ASSASSINOS». «NÃO QUEREMOS SER OS MAUS DA FITA».

A modo de justificante probatorio, también se incluía un libro de S. Freud titulado “La interpretación de los sueños” para evidenciar que los lobos tampoco son los culpables del terror nocturno ni onírico.

Se leyó un documento del naturalista Rodríguez de la Fuente, por el que se recordaba que el lobo es pariente directo del mejor amigo del hombre.

Ante tan contundentes pruebas, la manada de lobos quedó absuelta de los hechos criminales imputados, no obstante y para calmar la ira de las gentes y saciar la sed informativa de los medios de comunicación, los jueces sentenciaron a la manada, a pagar el I.B.I. y la contribución rústica por el uso y disfrute de los bosques norteños.

Y colorín colorado.

IsidroMoreno

DALE LA VUELTA (Es un buen método)

Esta mañana tuvimos taller de literatura y, como todos los viernes, debíamos escribir un relato. Hoy, la foto de inspiración era de un teclado de ordenador y concretamente, la tecla de «Control» situada en el extremo inferior derecho.

Por un buen rato se nos ha quedado cara de pirados, boquiabiertos, inmóviles como estatuas y con mirada fija sobre indeterminado punto del infinito, pero la profesora no se ha inmutado. Está acostumbrada, supongo.

En vista de mi falta de inspiración, di la vuelta al teclado de mi “pecé” y vi que, entonces, la tecla inferior derecha era la de «ESCAPE». Esta sí me sugirió varias ideas. Pedí salir al servicio, luego vi una puerta abierta, luego anduve. Y anduve. Y anduve.

Son las once de la noche, hace frío en este bosque, veo no muy lejos luces azules y rojas y oigo sirenas. Creo que me están buscando a mí. No sé si volver, porque las otras tres veces que me escapé de ese psiquiátrico me echaron una buena bronca en el despacho del director y, en el desayuno, me echaron unas pastillas que me dejaron más gilipollas aún.

Ya no sé qué hacer para que me echen a mí.

IsidroMoreno

NOTA BAJO LA PUERTA

Lamento tener que encerrarte unos días en el sótano y comprendo tu ira hacia mí. Ya verás cómo, una vez más, lo asimilas con la mayor naturalidad. Pronto dejarás de gritar y llorar por él. No merece la pena, hija mía. Acabarás entendiendo que si no son los maridos perfectos para ti, al menos nos sirven de alimento durante una temporadita.

Cuando salgas de nuevo a la calle y vuelvas a enamorar a otro joven, procura que esté un poco más rellenito y en cuanto a que sea rubio o moreno, eso queda a tu elección. Por el trabajo duro y despiece no te preocupes, déjamelo a mí, al menos mientras que yo esté contigo y las fuerzas me asistan.

Sabes que eres mi hija preferida y por eso ya eres la única. Tus hermanas y tu padre, que en gloria estén, fueron siempre muy delicados con las comidas, aunque luego resultaron bastante sabrosos.

Esta tarde, para la merienda, te bajaré una tarta de carne a las finas hierbas en homenaje a tu último amor, que hoy cumpliría un mes de noviazgo y, como sorpresa, no adivinas lo que estoy colocando como vela de centro en la tarta.

Un beso de tu madre que te quiere. Juana.

Posdata:

No me molesta que me llames Mantis o loca, sé que lo haces solo cuando te apago la luz del sótano o cuando estás enojada; además reconozco haber sido una amante religiosa, aunque muy cuerda.

 No debes tener miedo por los esqueletos del sótano. Los vivos son más peligrosos, y por favor, quítate la costumbre de arrancarte los pelos, ya quedan pocos días de encierro y has de estar hermosa para volver a salir en busca de un nuevo amante.

Oye, ¿te gustan los ojos revueltos?

IsidroMoreno

ARTE ANÓMIMO

El marchante de arte que visitó el taller de pintura de papá, quedó maravillado con una tabla emborronada, de color indefinido y con cuatro piezas de puzzle, pegadas, sin aparente orden ni concierto. Mi padre quedó tan abrumado por los elogios hacia aquel despojo que ni siquiera pudo explicarle que se trataba de uno de mis juegos y entretenimientos infantiles, y que el precio que le ofrecía le parecía más que bueno; incluso excesivo.

Aquella tabla sin firma es el único cuadro de mi padre expuesto actualmente en el prestigioso museo. Ahora que la observo, acabo de recordar y encontrar las cuatro piezas de mi viejo puzzle inacabado y que un día colgué en la pared de mi habitación, hace ya muchos años.

IsidroMoreno

EL REGRESO DE AUGUSTO

Cuando regresé de los campos de concentración, la joven esposa en la foto de mi cartera, ahora era una mujer con canas, con más kilos, con expresión borrada, con una niña en sus brazos, con un niño agarrado a su falda, junto a un adolescente de mirada perdida y agarrada por el brazo de un señor con bigote y gesto desafiante.

Cuando regresé de los campos de concentración, nuestra foto de boda ya no estaba en la pared.

IsidroMoreno

COLEGAS DE RUTA

Hoy le toca a ella ponerse al volante de la autocaravana. Le digo que tenemos que hablar. Sin dejar de mirar al infinito, asiente y calla. Supone que le reprocharé haberse chutado más de la cuenta y robarme parte de mi ración de caballo. Ignora que ayer la vi besándose con el gitano del Ford Mustang.

La sujeto por el cuello, sus manos abandonan el volante, tapo su boca con la mía y hundo mi cuchillo en su corazón. Salgo de la vieja caravana sin ruedas, anclada desde años en este descampado del desguace, y me dirijo al ruinoso Mustang.

IsidroMoreno