DIEZ METROS CUADRADOS

En mis diez metros cuadrados me construirán una cancha polideportiva, también una piscina con trampolín y, justo al lado, una pista de hielo para patinaje. Podré invitar a todos mis amigos.

Allí organizaré una fiesta con batalla de moros y cristianos, con cientos de caballos alazanes, luchas de espadas contra cimitarras, bellos y coloridos trajes cubiertos de polvo y sudor…

Mi padre me había prometido ¡diez metros cuadrados para mí! en nuestra nueva residencia. ¡Qué ilusión, ya sólo faltaban unos días para mi noveno cumpleaños y para cambiarnos de casa!

Llegó el día. Mi padre parecía también estar ilusionado. Fuimos al nuevo barrio y pregunté dónde estaría mi espacio prometido. Papá me condujo al que sería mi cuarto propio, según mi padre, de diez metros cuadrados.

—¿Esto… son… diez… metros… cua-dra-dos?—, dije decepcionado al ver la habitación de  aquellas dimensiones.

Sin embargo, en tan sólo unos segundos, crucé del desencanto a mi natural euforia imaginativa.

—¡Serán mis diez metros cuadrados! Aquí instalaré un pupitre para seguir leyendo y escribir historias de moros y cristianos, narraré partidos de futbol, dibujaré saltadores de trampolín, patinadores sobre hielo y… y…

 

IsidroMoreno