MI CUMPLE

 

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Hoy el jardín se viste de gala. Las margaritas, cruces, amapolas, el ciprés y las marmóreas tumbas evocan la vida y la muerte como las caras de una moneda.

Las hermanas del recoleto convento vienen a felicitarme, me regalan jarrones con flores naturales, de papel o de barro. Aunque todas vestimos el hábito marrón de raída lana y toca negra en la cabeza, ya nos conocemos por nuestros movimientos que nos delatan incluso desde lejos.

Yo permanezco tumbada y veo las caras, radiantes de las novicias, adustas las veteranas y advierto las lágrimas de la madre abadesa que fuera mi amiga y confidente. Ambas sabemos que pronto nos juntaremos.

Hay dos monjas veteranas que, a menudo, las oigo llorar temerosas por sus achaques de salud, que graves y sin remedio parecen. Hoy no lloran.

Las dos novicias, alegres y llenas de vida, disimulan su cariño impuro que, cada día, se demuestran a escondidas entre las cruces o bajo el ciprés, juntando desazonadamente sus cuerpos para empaparse con apasionados besos. 

Cae la tarde. Tras el lastimero toque de campana, el camposanto queda triste y vacío. Veo las flores a los pies de mi tumba y vuelvo a pensar en la eternidad.

IsidroMoreno

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LA PRUEBA

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Y era tan fuerte nuestro amor, que lo pusimos a prueba saltando obstáculos, a subir montañas, saborearlo al raso, tiritando bajo las estrellas en frías noches, tenderlo al sol ardiente, traspasar muros, subir a un cielo confortador, descender a los infiernos de la tierra y tanto, tanto descendimos, que así nos vemos en las antípodas, esperando a Cupido que nos proporcione el viaje de vuelta.

 

IsidroMoreno

CUANTO ANTES, MEJOR

 

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No estaba dispuesta a tolerar ni un solo día las malas costumbres de mi recién estrenado esposo. Tras la noche de bodas ya le obligué a llevar al tiente el smoking plagado de lamparones.

Le enseñé a recoger y doblar sus ropas, a fregar el suelo, a utilizar la mopa cada vez que lo ensuciaba. Intenté hacerlo más pulcro en su higiene personal, Ayer me rompió una figurita de porcelana de Lladró y solo le hice lavarse las manos veinte veces. Se sigue quejando por todo, pero me da igual.

También le corregí ciertos hábitos en el lenguaje, haciéndole lavarse la boca cada vez que blasfemaba o soltaba palabrotas.

Ya llevamos un mes casados. He decidido simplificar mis esfuerzos y creo que con éxito, o al menos es lo que me parece al ver su cabeza, con sus ricitos de oro, girar graciosamente dentro de la lavadora.

 

IsidroMoreno

FAMA

 

Su estancia en la cárcel no había sido en vano puesto que le había proporcionado además de la madurez, más propia de la edad que de las rejas, un conocimiento profesional con grado de maestría en el denostado arte del hurto.

Serapio Antúnez había convivido con los mejores ladrones, estafadores y carteristas del país. Se diría que eran auténticos magos si no fuese por la distinta connotación moral de ambas profesiones.

Al salir en libertad inició estudios de Derecho y en especial del Código Penal, así como un plan de prácticas callejeras de sustracción, con tanto éxito que se planteó la Hurtología (1) como su nueva carrera. Además del trabajo en casa y las prácticas en la calle, también escribía acerca de tan inusitado arte.

La dedicación y el rigor que Serapio imprimía en su labor hicieron que dicha actividad se convirtiera en su profesión y sustento. Cada día necesitaba robar las suficientes carteras y monederos para sobrevivir, pero sin excederse del máximo de dinero estipulado por ley como delito con pena de cárcel. No era ambicioso ni deseaba volver a la cárcel.

Con tal fin deambulaba por las calles, visitaba la estación del tren, la de autobuses, las tabernas y cafeterías, las cuatro iglesias, en fin, todos los sitios públicos con que contaba su pequeña ciudad a excepción, eso sí, de los locales de Cáritas por los que sentía un gran respeto y no sabía por qué.

Tanto empeño, afición y cariño aplicaba a su empresa, que en dos años acabó de escribir un libro titulado: «Introducción a la Hurtología. Legalidad vigente y florilegio de ejercicios prácticos». Ochocientas noventa y siete páginas en las que aportaba gran información en todo lo concerniente al “casi arte” del hurto. El libro gozó de elogios en diversas crónicas literarias de aquella época de entreguerras.

De tan insólita obra se podría destacar la múltiples definiciones, con sus diferencias y apreciaciones personales, de los conceptos similares y relacionados con el hurto, como los términos: Robar, quitar, sisar, birlar, levantar, sustraer, limpiar, desvalijar, afanar, apañar, mangar, distraer, soplar, desviar, apartar, detraer… y otros que eran desmenuzados con el bisturí de su literatura nada desdeñable, por cierto.

Pasado un tiempo, la situación devino preocupante, ya que, su fama de carterista se había derramado por la ciudad y, a pesar de la simpatía personal y del prestigio como escritor, sus parroquianos, al pasar junto a él, echaban, disimuladamente, sus manos a la cartera y a los bolsillos. Siempre preferían saludarle de lejos, incluso esgrimían una sonrisa de difícil interpretación, pues no era igual de quien ya había sido víctima, que el pobre que solo poseía hambre, o de quien se sabía que, tarde o temprano, sería presa de aquel depredador anunciado, pero simpático y dicharachero.

El final de su carrera de «hurtólogo», como él mismo se definía, acabó mediante la detención y arresto tras una ruin trampa tendida por la policía en complicidad con algunas personas allegadas a Serapio Antúnez.

De nuevo en prisión, mostró gran arrepentimiento de su actividad delictiva y, a modo de penitencia, volcó toda su energía en el estudio de las matemáticas, física, dibujo y otras materias que, finalmente, le permitieron obtener el título de ingeniero de caminos, acontecimiento este que fue muy celebrado en la prisión y la prensa dio cuenta de ello mediante unas fotos de Antúnez con el señor director de la prisión.

Al día siguiente de aquella investidura, homenaje y fotos, se produjo el más inesperado de los acontecimientos: La fuga de Serapio Antúnez.

Sí, el célebre preso se había fugado. Todos, incluido el director, intentaron adivinar e incluso apostaron por el lugar donde habría proyectado el túnel excavado por el flamante ingeniero. Tras unas horas de desconcierto, el propio director de la prisión aclaró el método de fuga al descubrir que, tanto de su bolsillo, como de su despacho, faltaban varias llaves y entre ellas, las que posibilitaban la salida al exterior de los muros de aquella cárcel que nuevamente era noticia aunque, esta vez, con cierta hilaridad y sorna.

No se volvió a saber nada de Serapio Antúnez, pero cuentan muchos testigos fiables, que viajó a Nueva York donde se le vio trabajar como ayudante del arquitecto William F. Lamb en la construcción del Empire State Building.

*

Nota: 1,- Hurtología: Término inventado por el protagonista para definir el oficio y técnicas del arte de sustraer bienes ajenos sin violencia.

 

IsidroMoreno

NOS QUITARON HASTA LO BAILAO

 

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Habían prescindido de mí y aunque reconocen que Caperucita no sería lo mismo sin el lobo, me veo en la calle, desolado y con pocas expectativas laborales. Me dijeron que ahora los depredadores son humanos, y a veces en manada.

En el INEM habilitaron una ventanilla especial para lobos. Allí me encontré con el de los tres cerditos, con el de Pedro, el de los siete cabritillos, el de Manolito el mentiroso… y una larga cola para solicitar el paro.

El funcionario de ventanilla era el que bailó con Kevin Costner en la película. No pude evitar pedirle un autógrafo.

IsidroMoreno

POSTALES DESDE EL FRENTE

La correspondencia, y en especial la llegada de las postales, se convirtió en medicina vital para la madre. No sabía de letras, pero su hija, cada semana, le leía la nueva postal con un amor y optimismo insólitos por cuanto provenían del lejano Uruguay, donde el padre y esposo luchaba en el frente de guerra.

Quiso la fatalidad que un estúpido accidente segara la vida de la joven, llevándose esta, el secreto de la muerte del padre en la pasada navidad.

Ya no llegaron más postales.

Tiempo después, la madre, antes de morir, encontró decenas de cartas dictadas por ella misma y que nunca llegaron a Uruguay. Ni siquiera habían salido de aquel baúl de su hija.

IsidroMoreno