AUSENCIAS

AUSENCIAS

(Obra finalista en concurso mensual «50 palabras en septiembre-2014)

 Miraba de frente a aquel extraño que,  silencioso y amenazante, le mantenía la mirada. ¿Acaso se burlaba de él? ¿Quería decirle algo? ¿Acaso le conocía? Cansado de la burla, la espera y el silencio, le lanzó un fuerte puñetazo al rostro.

Sólo consiguió romper el espejo y su mano derecha.

 

IsidroMoreno

Dedicado a los enfermos de Alzheimer.

Microrrelato publicado en libro:  «Cincuenta y Pico palabras» Diciembre 2014.

 

TREGUA

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Un sol radiante bañaba el interior del avión. Atrás quedaba New York, con inolvidables vivencias y años de apasionado idilio,  aunque en los últimos meses, se habían tornado en borrascosas relaciones.

Ambos acordaron un plazo de tregua para “aclarar” sentimientos.

Acabada la tregua y sin noticias de ella,  gestionó en su empresa el traslado a España. Adiós a Nueva York, a su carrera profesional  y lo peor… adiós a Wendy.

Intentando alejar pensamientos, sacó su olvidado libro y junto con la señal de lectura encontró una nota: “Luis, deseo acabar pronto la tregua para amarnos siempre.  I love you”.  Wendy.

 

IsidroMoreno

(Texto de 100 palabras)

ATRACO

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¡¡Tchissss!!… ¡hablemos flojito!, ¡escondámonos!, ¡Vigilemos por todos los lados…! ¡Mantengámonos en alerta!… Ayer os anunciaba la llegada de los ladrones de letras… Esta mañana como casi todos los días, me puse ante el ordenador con la página en blanco para escribir un nuevo relato…

¡¡Tchissss!!… Ya son las once de la noche… y llevo escrito lo siguiente: …

TITULO:

 (¡También me han robado las ideas! ¡Maldigo a los ladrones de ideas!)

 

IsidroMoreno

MI PRIMO

MI PRIMO

 La casa había sido tomada por familiares, amigos, vecinos y otros, para mí, desconocidos que habían venido para dar el último adiós a mi abuelo, que en su lecho, ahora de muerte, yacía desde largas horas.

La gente esperaba. La casa estaba en espera. La familia también esperaba ese momento fatídico de desarraigo, en el que de forma irremediable, el ser querido debía abandonar físicamente  su morada.

Llegaron los profesionales de la funeraria, que a mí, se me antojaron siniestros bajo mi mentalidad de incipiente adolescente. En su afán laboral, tomaron un momento de protagonismo, pues se alteraron los ruidos de la vivienda. Ahora eran sollozos, medias voces, chistidos, movimientos nerviosos, nerviosos gestos…

En el vestíbulo de la casa, paso obligado para todos y lugar espacioso, se agolpaban en pié, la mayoría de los asistentes al sepelio y que en segundos,  del ruidoso murmullo tabernero, tornaron al más respetuoso de los silencios.

Se agolpan todos para improvisar el pasillo por el que el féretro abandonará definitivamente el hogar que tantos años fue morada de mi abuelo y amigo.

Llegada de un sacerdote. Lectura del responso. Rostros compungidos. Ojos llorosos. Respetuoso silencio. Ya no quedan lágrimas, ya no hay palabras…

A mi lado mi tía Lola, enlutada,  mantenía en brazos a su hijo David de 30 meses de edad, mi primo,  pequeño pero locuaz y vivaracho, que con su chupete en mano y con ojos como platos, rompió el silencio preguntando en alta voz y  a “media lengua”… ¿Quién do ha matado?… ¿Han zido loz maloz?…¿con das piztolas?.

¡Sin palabras!

 

IsidroMoreno

Basado en hecho real ocurrido en Quintanar de la Orden el 20 de Septiembre de 1972.

WhatsApp

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WhatsApp

Las dos de la madrugada.  Estoy en la cama, hace calor y no puedo dormir. A las Siete sonará el despertador.

Suena un timbre. Proviene del salón y es mi móvil con el sonido del WhatsApp. ¡Pero no es posible! ¿Quién c… puede ser a estas horas?. ¡Pues no me pienso levantar!

¿Pero cómo no voy a levantarme para saber qué ocurre?  ¿Y si es algo urgente o de vital importancia? No creo, me llamarían directamente. O sí, quizás es importante y alguien confía en que lo lea.

Me levanto a oscuras, me dirijo corriendo hacia el salón. Un poco de pasillo, otra puerta y ya… ¡¡Uaaauuu!!  Mi dedo meñique del pié se ha estrellado contra la pata de una silla. ¡qué dolor! Iba pensando en que me conocía de memoria mi casa y no necesitaba luces… Yo también creo que el meñique del pié sólo vale para estrellarlo contra los muebles.

Dolor del pié. Pensamientos  tontos como, vísteme despacio que… No por mucho… y similares, pero ¿dónde está el móvil?  Ya, ya lo tengo. Estoy nervioso y no sé por qué. Lo enciendo, ¡Puff! tanta luz me deslumbra, no veo. Claro no me he puesto mis gafas. Me acerco el móvil.  Adivino el icono del whatsapp, pincho. Es el grupo “Family”. ¡Dios mío habrá ocurrido algo!  ¡No veo!…  ¡Ya si veo el texto!,.. ¡Sí… ya leo el texto que mi sobrina ha escrito!: ¡Jajajajaja! 

 

IsidroMoreno

EL ALFILER COMÚN PRÓLOGO INTRODUCCIÓN a “LA PUNTA DEL ALFILER” Capítulo I Primera parte

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EL ALFILER COMÚN

PRÓLOGO

INTRODUCCIÓN  a

“LA PUNTA DEL ALFILER”

Capítulo I

Primera parte

Sutil, pero perceptible. Es minúscula y es el fin, aunque también puede ser el principio,   según cómo y por dónde se mire. Y siempre opuesta a su cabeza.  Es como “casi nada”  o así lo imaginaba y semejaba metafóricamente mi abuela Dorotea cuando extrapolaba hacia lo mínimo, tanto para tamaño como para cantidad, como si de la unidad base de un sistema métrico se tratara.

Por su tamaño y a pesar de su tamaño, quizás resulta hostil, inquietante, amenazador, pues provocarme la sangre puede y quitarme la espina… también puede.

No proviene de aristas, sino de cilíndrico cuerpo escuálido de frío acero, pero que con tan diminuto e insignificante cuerpo, el alfiler rápidamente se mimetiza con la hermosura y cuando cae al suelo, rápidamente se mimetiza con la basura.

Sin pretender menospreciarlo, es hermano de la famosa aguja común, que como Polifemo, goza de un único ojo y que cuenta con casquivana fama por sus devaneos entre telas y pajares, pero de esta así como de su primo hermano el arrogante y con desacertado nombre imperdible, se tratará en siguientes capítulos de este prólogo a la introducción del alfiler común que nos habla de ¡la gran pequeña punta del alfiler!

 

IsidroMoreno

24/08/2013 (Texto de 200 palabras)

 

LINEA DE TIRO

LINEA DE TIROConjunto de viñetas  Foto de archivo - 7613681

 Marchábamos en formación con fusil al hombro. Antes de llegar a la prevista línea de tiro, una ambulancia nos adelanta a la nutrida compañía, levantando tras ella una gran nube de polvo, hasta detenerse pocos metros después. Entre otros, desciende un hombre ataviado con sotana y morada estola. ¡Es el capitán capellán!

El silencio está roto sólo por las fuertes, rítmicas y monótonas pisadas de las botas marcando el paso militar.

Minutos después me encuentro cuerpo a tierra y con el fusil apuntando al frente. Ya nos han repartido la munición. Puntiagudas, largas y brillantes balas bajo el  sol cruel de mediodía.

Por fin la orden… ¡Soldados!…  ¡Apunten!… ¡Fuego!

Ruido atronador, nubarrones de polvo, olor a pólvora, el calor, el sudor, el sonido metálico de las vainas de bala sobrevolando nuestras cabezas, yo disparo pero no sé donde, sólo hay polvo ante mí… Quise gritar ¡Paren el mundo que yo me bajo!  Oigo que el soldado  de mi derecha está gritando, había abandonado el arma,  las manos asían su cabeza y entre sus dedos corría sangre.

Levantando mi brazo solicito ayuda a la retaguardia. Raudos camilleros desalojan a mi desafortunado compañero que preso del pánico histeria o  dolor, se negaba a todo, propiciando  patadas y puñetazos por doquier a sus pobres salvadores que por fin, consiguieron amarrarlo de pies y manos a la camilla.

Acabado mi primer ejercicio de tiro real, pude acercarme a la ambulancia donde aún yacía mi compañero. A su lado el capellán, que con burlona sonrisa le oí decir: “vamos muchacho, que sólo ha sido un leve corte en la oreja producido por la  vaina de algún soldado”.

Ese día y a esa hora, yo cumplía mis veintiún años de edad.

¡Qué cosas había que hacer en la p… mili!

 

 

IsidroMoreno