LOS FANTASMAS NO EXISTEN

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Con este título intenté escribir un artículo para mi periódico. Desde la redacción me llamaron para decirme que mi fichero del email llegó en blanco, sin texto alguno.

Puesto que tampoco encontré la copia en mis registros, tuve que reescribir el artículo. Una vez acabado y antes de “Guardar Archivo”, las letras del texto comenzaron a desmoronarse y a caer suavemente, sin prisa, como copos negros de nieve mecidos por una suave brisa.

Sólo el título, «LOS FANTASMAS NO EXISTEN», quedaba legible y en pie aunque de inmediato calló, como de un salto, el adverbio “NO”.

El resto del texto había desaparecido y cual rastro de naufragio, solo quedaban palabras rotas, letras y signos de puntuación que formaban pequeños montones a pie de página.

Mis ojos no daban crédito a tan insólito espectáculo y a tan sutil mensaje. Lo escribí una y otra vez, pero las letras volvían a derribarse y se hacinaban en la base de la página. Lo peor fue que desde la pantalla del ordenador hasta la mesa de mi escritorio, también comenzó a caer un fino polvo negro. Pasé el dedo y, efectivamente, allí estaban los trocitos de las letras de mi texto que ahora también escapaban de la pantalla.

Rendido ante el preocupante espectáculo, apagué el ordenador, salí de casa y, desde mi teléfono, dicté el artículo a mi colega y amigo Diego Malacalza que me haría el favor de publicarlo antes del cierre de edición.  

Al rato, mi amigo me llamó para decirme que al intentar escribir mi nombre como autor del artículo, las letras se derrumbaban sin remedio y caían inermes.

Finalmente, la autoría del artículo fue firmada por Diego Malacalza. El relato también.

DiegoMalacalza

 

IsidroMoreno

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ELOÍSA

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Él procuraba ocultar el rostro bajo su sombrero, o con el paraguas, o tras unas gafas de sol. Temía que algún día ella lo reconociera y quizás hasta le saludase, pues durante cinco años, todos los domingos fingía, en la misma calle, un cruce “casual” y eso podría levantar más que sospechas.

No obstante y sobre el colchón de su sinceridad, la idea de ser reconocido por Eloísa le producía un morboso regusto y, a menudo, cientos de fantasías, algunas indecentes, pero se había prometido que no sería él quien primero abriese fuego.

Se negaba a desempolvar la historia de amor de juventud y desentrañar dos vidas ya tantos años ajenas entre sí, pero en cada cruce de miradas o, a veces, el sutil roce de brazos en el fugaz encuentro callejero, le producía casi la misma taquicardia que hacía cuarenta años cuando la abrazaba o hacían el amor.

Eloísa, a menudo recuerda el primer día en que volvió a encontrarse con Abelardo. No se atrevió a dirigirse a él; no querría abrir viejas heridas ya cicatrizadas. Fue en un supermercado de esa ciudad en la que, por la antojadiza ventura, habían vuelto a coincidir esas dos almas tras cuarenta años de divergencias y avatares. Él no la reconoció aquel día. Ella, en su afán lúdico, se inventó el juego del fingido encuentro, pero como en otras ocasiones, dejó creer que la iniciativa era de Abelardo.

Desde entonces, cada domingo por la mañana, Eloísa salía de casa con dirección a la iglesia, para oír misa y sobre todo, disfrutar de su paseo que con ensayada indolencia y mirada distraída realizaba con puntualidad suiza.

En algunas ocasiones, ella variaba su recorrido habitual, se ocultaba y se divertía como una niña caprichosa observando a Abelardo que desesperaba y deambulaba entre callejones buscándola. Eloísa reconocía su crueldad, pero luego se confesaba durante la misa dominical para así calmar su conciencia.

*

Cuentan que este viejo relato manuscrito fue encontrado entre las páginas de un misal en una parroquia de esta ciudad. Lo he recordado hoy ante los nichos de Abelardo Lerchundi y Eloísa Gandarias que, si en sus vidas de adultos no volvieron a hablarse, sí quiso el caprichoso destino que ambos cuerpos durmiesen el sueño eterno a escasos centímetros el uno del otro para que, por los siglos de los siglos, se amen.

IsidroMoreno

FRENESÍ

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Durante el día, la actividad de la pequeña ciudad es casi nula, pero por la noche y en especial las noches de luna llena, un alegre frenesí lo inunda todo y viaja por el aire llamando a las marmóreas puertas e invitando a juegos a veces ingenuos, otros, eróticos, algunos de terror y muchos, simplemente devaneos nocturnos.

Esta noche he conocido a una dama de mediana edad, de largos cabellos, grandes y profundos ojos negros y ataviada con solo un volátil camisón. Ahora agarrada a mi cuello, me está “comiendo la oreja” para llevarme a su mausoleo. Por enésima vez le repito que yo no estoy de fiesta, que estoy ahí por trabajo y he de redactar el reportaje para mi periódico, además, es que no me gustan tan huesudas y esta difunta, es solo eso: huesos. 

Ella, ofendida, ha recogido una guadaña del suelo y se ha vuelto a su tumba. Yo estoy ciscado de miedo y loco por encontrar la puta salida de este cementerio.

IsidroMoreno

NARCISO EN SERIE

 

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El largo silencio de la prensa y del departamento de homicidios le desesperaba. Ayer volvió al lugar del último crimen a dejar una nueva pista. Necesitaba que, al menos, lo relacionaran con la cadena de asesinatos que se sucedían en los últimos meses.

Sin embargo, el título de psicópata o de asesino en serie que le aplicaba la prensa, no le gustaba, pues era ofender su inteligencia. Él siempre trataba de ser un asesino original y creativo en cada nuevo crimen; sin obedecer ni copiar ningún patrón establecido.

Cansado de no ver sus fechorías como centro de atención en las noticias y sorprendido de la ineficacia del sistema, contactó con la prensa y con la policía para informar del lugar y hora en la que se entregaría a la justicia, pero con un decálogo de condiciones entre las que destacaba que tal entrega sería en plena calle, ante el público, luces y cámaras. Que también, se otorgasen permisos a toda la prensa nacional e internacional que lo solicitase. Que en los titulares apareciese la palabra, “ingeniero del crimen” y se debería citar que la rendición ante la policía era voluntaria y todo un acto de generosidad y filantropía. También, para añadir un poco de glamour a su imagen, exigía que las cámaras de televisión incorporasen filtros de media de nylon en sus objetivos.

*

Hoy, llegado el momento de la delirante entrega en la plazoleta designada, solo hay un par de coches patrulla con unos resignados policías que, una vez más, acogerán con resignación y respeto a su antiguo compañero Narciso, al que jubilaron por “ausencias y devaneos seniles”. Lo invitarán a un café y después lo acompañarán, una vez más, hasta su vivienda.

Con sus excompañeros, Narciso siempre aparece con semblante esquivo y desorientado, pero en su fuero interno lucha para no ser delatado por un sentimiento infame que le recorre sus entrañas, procurando siempre que no asome al exterior como mueca vil que le delataría y por tanto, cercenaría la satisfacción y el orgullo de haber engañado de nuevo a todos.

Sólo así quedará exento de toda sospecha como el asesino más prolífico en lo que llevamos de siglo.

IsidroMoreno 

FANTASMAS

La imagen puede contener: una o varias personas

Sólo por la insinuación de unos envidiables atributos marcados en el ajustado slip y a pesar del anonimato del modelo, la golosa foto hizo que, para presumir de atributos, unos cuantos escritores envidiosos, denunciasen públicamente a la organización.

Esos petulantes “ofendidos” pregonaban, a bombo y platillo, que “su intimidad había sido quebrantada al publicarse su foto sin permiso previo y, además, estar expuesta en la web como tema de inspiración para un concurso literario”.

Pues tampoco es para tanto —decía la funcionaria del juzgado.

 

IsidroMoreno

(Para la página: El Bic Naranja. Los viernes Creativos. Feb-2019. Foto de Evgeny Mokhorev)