LOS FANTASMAS NO EXISTEN

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Con este título intenté escribir un artículo para mi periódico. Desde la redacción me llamaron para decirme que mi fichero del e-mail llegó en blanco, sin texto alguno.

Puesto que tampoco encontré la copia en mis registros, tuve que hacer de nuevo el artículo. Una vez acabado y antes de pinchar en “Archivo. Guardar como”, las letras del texto comenzaron a desmoronarse y a caer suavemente, sin prisa, como copos negros de nieve mecidos por una suave brisa.

Sólo el título quedaba legible y en pie. El resto eran palabras rotas, letras y signos de puntuación que formaban pequeños montones a pie de página.

Mis ojos no daban crédito a tan insólito espectáculo. Intenté escribirlo otra vez, pero las letras volvían a derribarse y se hacinaban en la base de la página. Lo peor fue que desde la pantalla hasta la mesa de mi escritorio, también comenzó a caer un fino polvo negro como el carbón. Pasé el dedo y allí estaban los trocitos de las letras que formaron las palabras de mi texto.

Rendido ante el preocupante espectáculo, apagué el ordenador, salí de casa y, desde mi teléfono, dicté el artículo a mi amigo Isidro Moreno que me hizo el favor de publicarlo, pero me dijo que al intentar escribir mi nombre como autor del artículo, las letras se derrumbaban sin remedio.

La autoría del artículo fue firmada por Isidro. El relato también.

IsidroMoreno

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ELOÍSA

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Cada mañana hace su ronda secreta para fingir el simulado encuentro que le permita ver a Eloísa.

Él procura ocultar el rostro bajo su sombrero o el fular, sin embargo, piensa que algún día ella le saludará o quizás hasta lo reconozca, pues durante cinco años, todos los días un encuentro efímero pero nada casual, quizás levante más que sospechas.

No se atreve a desempolvar la historia de amor de juventud y desentrañar dos vidas ya tantos años ajenas entre sí, pero cada día, en cada cruce de miradas o, a veces, un sutil roce de brazos en el fugaz encuentro, le produce la misma taquicardia que hace cuarenta años cuando la abrazaba.

Eloísa sale a diario a realizar su paseo con ensayada indolencia y mirada distraída. A menudo recuerda el primer día en que volvió a encontrarse con Abelardo. No se atrevió a dirigirse a él. Fue en un supermercado de esa ciudad en la que, ahora, residían esas dos almas reunidas por el destino tras cuarenta años de avatares y simulados olvidos. Él no la reconoció aquel día. Ella se inventó el juego del fingido encuentro.

A veces, Eloísa varía su recorrido habitual, se oculta y se divierte como en un juego infantil observando a Abelardo que desespera y deambula entre callejones buscándola. Ella reconoce su crueldad, pero luego se confiesa antes de la misa dominical.

Esta historia la he recordado hoy ante los nichos de Abelardo Lerchundi y Eloísa Gandarias que si en sus vidas de adultos no volvieron a hablarse, sí quiso el caprichoso destino que ambos cuerpos durmiesen el sueño eterno a escasos centímetros el uno del otro. 

IsidroMoreno

FRENESÍ

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Durante el día, la actividad de la pequeña ciudad es casi nula, pero por la noche y en especial las noches de luna llena, un alegre frenesí lo inunda todo y viaja por el aire llamando a las marmóreas puertas e invitando a juegos a veces ingenuos, otros, eróticos, algunos de terror y muchos, simplemente devaneos nocturnos.

Esta noche he conocido a una dama de mediana edad, de largos cabellos, grandes y profundos ojos negros y ataviada con solo un volátil camisón. Ahora agarrada a mi cuello, me está “comiendo la oreja” para llevarme a su mausoleo. Por enésima vez le repito que yo no estoy de fiesta, que estoy ahí por trabajo y he de redactar el reportaje para mi periódico, además, es que no me gustan tan huesudas y esta difunta, es solo eso: huesos. 

Ella, ofendida, ha recogido una guadaña del suelo y se ha vuelto a su tumba. Yo estoy ciscado de miedo y loco por encontrar la puta salida de este cementerio.

IsidroMoreno

NARCISO EN SERIE

 

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El largo silencio de la prensa y del departamento de homicidios le desesperaba. Ayer volvió al lugar del último crimen a dejar una nueva pista. Necesitaba que, al menos, lo relacionaran con la cadena de asesinatos que se sucedían en los últimos meses.

Sin embargo, el título de psicópata o de asesino en serie que le aplicaba la prensa, no le gustaba, pues era ofender su inteligencia. Él siempre trataba de ser un asesino original y creativo en cada nuevo crimen; sin obedecer ni copiar ningún patrón establecido.

Cansado de no ver sus fechorías como centro de atención en las noticias y sorprendido de la ineficacia del sistema, contactó con la prensa y con la policía para informar del lugar y hora en la que se entregaría a la justicia, pero con un decálogo de condiciones entre las que destacaba que tal entrega sería en plena calle, ante el público, luces y cámaras. Que también, se otorgasen permisos a toda la prensa nacional e internacional que lo solicitase. Que en los titulares apareciese la palabra, “ingeniero del crimen” y se debería citar que la rendición ante la policía era voluntaria y todo un acto de generosidad y filantropía. También, para añadir un poco de glamour a su imagen, exigía que las cámaras de televisión incorporasen filtros de media de nylon en sus objetivos.

*

Hoy, llegado el momento de la delirante entrega en la plazoleta designada, solo hay un par de coches patrulla con unos resignados policías que, una vez más, acogerán con resignación y respeto a su antiguo compañero Narciso, al que jubilaron por “ausencias y devaneos seniles”. Lo invitarán a un café y después lo acompañarán, una vez más, hasta su vivienda.

Con sus excompañeros, Narciso siempre aparece con semblante esquivo y desorientado, pero en su fuero interno lucha para no ser delatado por un sentimiento infame que le recorre sus entrañas, procurando siempre que no asome al exterior como mueca vil que le delataría y por tanto, cercenaría la satisfacción y el orgullo de haber engañado de nuevo a todos.

Sólo así quedará exento de toda sospecha como el asesino más prolífico en lo que llevamos de siglo.

IsidroMoreno 

FANTASMAS

La imagen puede contener: una o varias personas

Sólo por la insinuación de unos envidiables atributos marcados en el ajustado slip y a pesar del anonimato del modelo, la golosa foto hizo que, para presumir de atributos, unos cuantos escritores envidiosos, denunciasen públicamente a la organización.

Esos petulantes “ofendidos” pregonaban, a bombo y platillo, que “su intimidad había sido quebrantada al publicarse su foto sin permiso previo y, además, estar expuesta en la web como tema de inspiración para un concurso literario”.

Pues tampoco es para tanto —decía la funcionaria del juzgado.

 

IsidroMoreno

(Para la página: El Bic Naranja. Los viernes Creativos. Feb-2019. Foto de Evgeny Mokhorev)