RUMBO A LO DESCONOCIDO

 

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El desgaste físico, moral e incluso de los principios y creencias personales, aumenta cada día. Ya contamos sesenta jornadas de navegación encerrados en esta nave.

La ausencia de mujeres, el hambre y la pérdida de rumbo obnubilan la mente. Entre la tripulación, la convivencia se hace difícil y las emociones, a flor de piel, pueden llegar a extremos insospechados.

Mi relación con Martín, impensable y prohibida al inicio de nuestra singladura, es, sin embargo, cada día más sincera, profunda y cariñosa. Temo reconocer que me invade un sentimiento a veces de vergüenza y las más, de gozo.

Presiento que, al igual que en un despertar, nuestro idilio ha concluido cuando el de Triana ha gritado: ¡Tierra a la vista!

IsidroMoreno

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YO ME RETRACTO

 

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No quiero ni imaginar mi mueca… Quiero seguir viviendo. Necesito respirar y prometo encontrar sentido a mi existencia.

Mi vida pende de un hilo así como mi cuerpo pende de esta soga que abraza mi cuello, que baja de la viga de un feo cobertizo en una vieja casa, como yo, abandonada.

Ahora me arrepiento de haber pateado la banqueta y aquí, con mi ridículo balanceo, sigo pateando al aire en busca de algún soporte o de la puta banqueta que a pisar no alcanzo.

No, no quiero ni imaginar mi mueca… Qué lenta es la asfixia y cuán largometraje de vida me evoca. Patear ya es inútil, lo sé, pero cejar no puedo. Sólo quiero vivir, pisar, respi…

 

IsidroMoreno

ADIVINANZA. ¿Para qué?

 

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Compañero protector, de negro origen y aspecto de murciélago casi vampírico que, semioculto, en reposo, en el rincón tras la puerta o en un ángulo oscuro, terror y pesadillas infantiles me provocaban y que olvidar aún no puedo.

Paraguas para la lluvia, paraguas bastón, paraguas-estilete-asesino, paraguastermales, paraguasfecales, Paraguaceros, paraguas de acero,  paraguasmarinas, paraguasfluviales, paraguasoxigenadas, paraguas para el viento, también para el lamento, parasol, paraluna, paraelisa, paranoia, paranen.

Paraguas de Cherburgo; paraguas Gene Kelly cantando y bailando y paraguas Poppins son puros clichés.  No es mala sombra mas sirve de sombrilla. Invento de mil amores cuando, al fin, fueron de colores.

 

IsidroMoreno

(Para concurso “Paraguas perdidos”. Hasta el 40 de mayo. Sevilla-2018)

VIAJERO EN EL TIEMPO

 

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Fue mi primer viaje a la Tierra. En Kepler-22b quedaban mis seres queridos. Desde entonces comprendo vuestra humana añoranza.

Mis anteriores compatriotas me habían formado y preparado para mi estancia y trabajo en Azul o Tierra, como llamáis a vuestro planeta. Nuestra labor era de ayuda, quizás interesada, pero de pacífica ayuda a un maravilloso mundo con civilizaciones de escasa o nula tecnología.

Los cuatro maestros que viajábamos fuimos destinados a tierras egipcias. Con el nombre de Mener el Extranjero, pasé a formar parte de la corte de Keops, el faraón reinante y cuya principal preocupación era la construcción de una gran tumba honorífica con forma piramidal.

Una vez visto el proyecto de los arquitectos, además de evitar la risa, tuve que hacer un hondo esfuerzo de modestia y una fingida interpretación para no delatarme de mi extraña procedencia y mis conocimientos algunos miles de años más avanzado.

Lo difícil sería ganarme la confianza y simpatía de aquellos adláteres del gran faraón.

En cuestión de poco tiempo, mediante sugerencias, dibujos y concesiones, había conseguido convencer y maravillar a mis colegas terráqueos e incluso al mismísimo Keops que, al oír que su tumba se construiría en tiempo record y sería la edificación más alta e imponente sobre la faz de la Tierra, me nombró inspector de obras, asignándome un séquito de 200 personas entre supervisores, ayudantes y arquitectos. Además, me fue proporcionada una lujosa residencia junto al palacio del faraón.

Mi obra también comenzaba allí, pues debería dar un impulso a los toscos conocimientos de ingeniería y arquitectura a ese nutrido grupo de sabios que, lejos de reconocer sus limitaciones, se consideraban la cúspide gremial en la sabiduría de la civilización.

Para evitar dañar su orgullo y, sobre todo, tratando de no levantar sospechas de mi identidad, mis enseñanzas las realizaba a modo de anécdotas, curiosidades e incluso, juegos. Así enseñaba aritmética, geometría, geografía, astronomía, física…

En pocos años, sabían aplicar en sus cálculos geométricos los números (o razones) π “Pi” y φ “Phi”, que no se volverían a usar en el planeta hasta algunos milenios después. Aprendieron a calcular las dimensiones de la Tierra, la distancia del Sol, la velocidad de la luz e incluso las dimensiones de otros astros y estrellas como Alfa Canis Majoris o Sirio, como ahora la denominan ustedes.

—Pero desde aquel viaje en el tiempo a Egipto, usted ha realizado algunos más a nuestro planeta y en épocas distintas, ¿No es cierto? —le pregunté a aquel anciano que, sentado sobre la cama, con la mirada perdida, parecía hablar a nadie o pensar en voz alta.

Tras un silencio, de quizás cinco minutos, el anciano prosiguió dando rienda suelta a sus desordenados recuerdos que yo, por enésima vez, escuchaba con verdadero deleite. Comenzó a narrarme de nuevo, la historia de su hermosa amistad con Leonardo da Vinci y sus acaloradas discusiones con Thomas A. Edison, a quienes, disimuladamente, quiso inculcar un espíritu ingenioso y sugerir nuevas técnicas y creaciones. A continuación, siguiendo su desorden en el tiempo, saltándose siglos, recorriendo distancias y espacios de años luz, continuó relatando con ingenua e infantil sonrisa,  una divertida aventura en el archipiélago de las Bermudas donde siempre estuvo su base secreta de amerizaje, envuelta en misteriosos enigmas para los terráqueos.

—Querido amigo, si está usted cansado, le sugiero que repose, duerma y mañana seguiremos charlando de su larga existencia y me deberá contar la causa de su decisión de quedarse en nuestro planeta hasta el final de sus días, —le dije mientras le acomodaba en su almohada por última vez, pues ya no hubo un mañana para aquel personaje de cientos de nombres en miles de años, con millones de kilómetros e interventor de un sinnúmero de instalaciones de piedras angulares del conocimiento en la historia de nuestro planeta.

Era un día del año 1969 cuando, tras su muerte y por voluntad del propio anciano, abrí su legado consistente en unos documentos manuscritos con exhaustiva y técnica información sobre lo que él denominaba la “Red de Redes”, incluyendo instrucciones para su adaptación y puesta en práctica de lo que él aseguraba, sería una nueva pauta y gran revolución para el desarrollo de la Humanidad.

Hoy, sesenta años después, nuestro mundo utiliza y sabe qué es Internet. Lo que aún nos queda por conocer, son los eslabones perdidos en la larga cadena de nuestra civilización. Quizás muchos de esos eslabones tengan algo que ver con el Viejo Kleperiano.

Continuará.

   IsidroMoreno

SIN MIRAR ATRÁS

 

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Del zumbido de aquel extraño arcón luminiscente, nadie había dado noticias ni era conocida su existencia.  A pesar de la advertencia de Yahvéh, Edith volvió su mirada hacia el arca y hacia la pecaminosa ciudad de Sodoma. En ese momento, quedó transformada en estatua de sal.

Lot, esposo de Edith, oyó un estruendo pero no vio el resplandor emitido por el Arca de la Alianza que, junto con su esposa, ascendió hacia la nave nodriza.

Más de tres mil años después, se sigue en busca de aquel artefacto de la alianza; tan extraño, misterioso, adorado, deseado y finalmente perdido.

—¿Perdido?

 

IsidroMoreno

AUTOPSIA

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Con rabia contenida esperaba ese momento. Por fin, lo tenía en la pantalla. Su pose era desafiante. Con rápido movimiento de muñeca, dirigí la flecha del cursor a su corazón en tanto que desde mi garganta, surgía un desesperado y colérico grito.

Vi cómo se desplomaba y deslizaba por la pantalla del ordenador. Asombrado, lo observé inerte sobre la mesa.

Era evidente que el cursor no se había clavado, pero el mosquito cabrón yacía patas arriba. Sólo mi rabioso grito podía ser el arma letal.

Demostré que un infarto fue la causa de la muerte. Desde entonces practico la micronanocirugía.

IsidroMoreno