ATARDECERES EN EL LAGO

Cada tarde, sentada al borde del embarcadero, con los pies colgando, veo ponerse el sol tras la montaña. Los reflejos sobre el agua del lago, el color del crepúsculo y la melancolía que me inunda, hace que cada tarde, ante tan insinuante pose de suicida atormentada, se me acerquen, como moscas, buenos samaritanos, curiosos o ligones. A veces son realmente apuestos los que se me pegan y entonces, con ellos, alargo la conversación y el rato mágico de la tarde.

Ya no quedo con mis amigas. Ligo mucho más al borde del embarcadero que en los paseos pueblerinos viendo las mismas caras día tras día. ¡Dónde va a parar!

Hoy ha sido desconcertante pues he visto, de reojo, a un guapo joven que hablaba con unos señores de blanco y señalaba hacia mí. Al rato han venido esos hombres de bata blanca y me han puesto la camisa con correas de la que no puedo zafarme.

Mañana tendré que escaparme otra vez.

 

IsidroMoreno

(Relato para el concurso ENTC -Esta Noche Te Cuento- Junio-2018)

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SORPRESA DE DESVÁN

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«Inés, quisiera verte para declararte mi amor hacia ti. El sábado asistiré a la fiesta de tu barrio. Si no acudes, lo entenderé y prometo no volver a molestarte.  Juan».

Esa era la nota en sobre cerrado y perdido entre las páginas del viejo libro.

Hoy, desempolvando un baúl, la he visto y la he leído por primera vez. Treinta años después de aquella fiesta, el silencio del convento y mi espíritu de novicia no han podido reprimir un desgarrado grito de pena por tan estúpida forma de haber desperdiciado el gran amor de mi vida y, también, de arrepentimiento por mi venganza con vudú que acabaron, ya hace unos años, con su existencia.

IsidroMoreno

 

 

ALTEZAS Y DONCELLAS

 

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Las jóvenes doncellas, ataviadas con sus más lindas ropas, desfilaban en su paseo dominical hacia la alameda, en la ribera del río.

Los domingos, los sapos exhibían su croar y se dejaban ver por la ribera del río.

La hermosa joven capturó un hermoso sapo que, aunque verde, la observaba con grandes ojos.

El hermoso y gallardo sapo, con su afinado croar, su mirada lasciva y su apuesta pose de príncipe azul, se dejó atrapar por la joven doncella.

Tras un largo beso, lo acostó bajo su almohada y, dormida, esperó al alba.

Cuando despertó, el sapo todavía estaba allí.

 

IsidroMoreno

(Texto de 100 palabras)

ESPERANDO EN EL ANDÉN

 

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Se marchó al futuro, al progreso, a la civilización, afirmando que allá no habría pobreza, que no existiría la soledad, que los olmos darían peras, que los bueyes volarían y que la ciudad le facilitaría todo.

Llegó; salió de la estación y tropezó con mendigos; paseó por parques, pero encontró olmos sin peras; miró al cielo, pero volaban los de siempre; leyó el periódico y seguían perdiendo los de siempre.

Aún está en el futuro, sentado en un banco del andén de la misma estación, esperando un tren que le devuelva a su pasado con la decepción de aquel futuro.

 

IsidroMoreno

(Texto de 100 palabras)

LA JOVEN PAREJA Y EL CASERO

 

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Descubrieron ignotos y prohibidos placeres. Como consecuencia, fueron expulsados por el bonachón de su casero.

Aquello tenía nuevos inconvenientes no previstos, pues suponía que debían buscarse el sustento diario. Además, descubrieron y cataron la acritud de la vida, sin embargo, no se arrepentían de su decisión. Ambos se habían aburrido de aquel paraíso y de la monótona felicidad eterna.

Al menos, ahora, los días son más animados, ¡dónde va a parar!

A menudo recuerda con nostalgia los viejos tiempos y, con el pequeño Caín en sus brazos, Eva maldice a la serpiente, pero presiente el inicio de una fructífera Humanidad.

IsidroMoreno

(Texto de 100 palabras)

ASÍ NO HAY MANERA

 

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Por su afán solidario, sentido humanitario, luchador por la república y amor por la igualdad, le encumbraron como un reconocido ciudadano ejemplar.

Quizá su fracaso más conocido fue el invento de una adaptación del juego de ajedrez, al que llamó «Tablarrasa», en el que quiso volcar su gran filantropía, instituyendo un tablero con treinta y dos piezas antropomórficas iguales, pues todas eran de un solo color, un mismo tamaño y forma.

Si bien, los movimientos sobre el tablero, sí que conservaban las normas del ajedrez y que eran adquiridos por la colocación inicial de las piezas, pero que una vez iniciado el juego, se hacía casi imposible recordar quién se movía como el caballo, el peón, etc., de tal forma que se sucedían continuas disputas entre los rivales asegurando que tal o cual pieza no era una torre sino el alfil, o la reina…

Pues, ¡jaque al rey!— decía uno.

No, que mi rey está en la otra punta— decía el otro.

«Así no hay manera» solía ser la frase más común que se cruzaban los contendientes. Era frecuente que las disputas llegaran a los puños o al lanzamiento de piezas u otros objetos y que, en ocasiones, pintaban hermosos hematomas.

Dicho juego fue, finalmente, prohibido y retirado de casinos de pensionistas, clubes de día, ludotecas, salas de juego de parroquias y de cuantos centros públicos donde había sido instaurado. No obstante, es sabido que se sigue practicando de forma clandestina en timbas organizadas y en los garitos más insospechados de medio mundo.

El que fuera famoso ciudadano ejemplar e inventor de tan disparatado entretenimiento, pareció borrarse del mapa social, unos dicen que por la vergüenza del agresivo juego, otros comentan que incluyó las apuestas en las reglas del «Tablarrasa» y viaja organizando subrepticias timbas que le aportan suculentos beneficios.

IsidroMoreno  

(Texto de 300 palabras)

SUPERSTICIÓN

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No me gustaban los finales ni las despedidas. Un día en clase de lengua, nos pidieron escribir una redacción sobre la despedida y el final.

El profesor me mandó leer mi relato en pie y públicamente en clase. Muchos verbos, adjetivos y otros vocablos cuyos significados me disgustaban, no terminaba de escribirlos, pues me producía cierto temor llegar al final de algunas palabras, ya que me parecía que arrastraban mala suerte el verlas escritas de forma completa y correcta.

Con esas creencias y aquella profunda filosofía de vida, comencé a leer mi redacción que decía así:

«Como si se tratar de una películ, me vi mayor, muy mayo, postrad en una cama, moribund per con mis ojos aún chispeant, humedecid, quizá por lágrimas de pen, o quizá por la emoción de encontrarm rodead de mis familiares, mis padres, mis hermanos y muchos amigos. Sin embarg, todos era jóvene. Yo er el únic que habí envejecid, yo er el más ancian, más que mis padres y más que mi abuelo. A pesa de tod, estab content…»

Mi redacción seguía, pero no quise acabar de leerla, porque mis compañeros se reían.

IsidroMoreno