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Dibujo De Un Muchacho En Una Cafeteria Tomando Un Cafe Para Pintar Y  Colorear | COLOREAR DIBUJOS VARIOS | Dibujo De Un Muchacho En Una Cafeteria  Tomando Un Cafe Para Pintar Y

Aunque el hombre estaba solo, en su mesa había dos cafés humeantes frente a frente. Mantenía las palmas de las manos hacia arriba, apoyadas sobre el tablero. Yo tomaba mi café en el velador cercano y podía escuchar su monólogo, con acento argentino, frente a la silla vacía. Comenzó a elevar el tono y, cada vez más irritado, le acusaba de estafadora y de inepta en la quiromancia. Al fin, se levantó muy ofuscado de la mesa y arrojando un billete de diez, abandonó la cafetería. En la mesa, dos tazas, un billete, un papel junto a la taza llena y dos sillas desocupadas.

Al rato, tras el ventanal, vi un tumulto, coches parados, luces intermitentes y sirenas. Alguien entró y comentó al camarero que, habían atropellado al argentino.

Me levanté y, al pasar ante la mesa vacía, junto a la taza llena había una pequeña nota manuscrita: “Sin futuro”.

IsidroMoreno

PONGO ZAPATO POR TESTIGO

No me ha despertado el reloj, ni la luz del ventanal; es mi insoportable dolor de cabeza, de cuerpo y de alma que me impide dormir y me prohíbe abrir los ojos.

Será pesadilla o tal vez resaca, lo cierto es que intento recordar el final de mi aventura con aquella sorprendente rubia a la que nada parecía importarle. No me preguntó por mi nombre, ni mi estado ni mi oficio, sólo quería pasarlo bien, palpar la alegría, desoír las penas, beberse el tiempo, vivir, cantar, besarme, besarme mucho como si fuera esa  noche la última vez.

Puedo recordar las últimas imágenes de ambos sentados en el borde de la acera, con una botella de Moët & Chandon que habíamos sacado sin pagar de aquel antro. A falta de copa bebíamos en su zapato de tacón y cuando más reíamos y a punto de besarnos, se acercó un deportivo rojo, bajó un macarra, me asestó medio puñetazo y agarrada de los pelos se llevó a mi rubia.

Aún dolorida, me esfuerzo para quitarme el peluquín, despegarme el bigote, desliar el vendaje que oprime mis senos y al incorporarme de la cama, compruebo que el zapato, todavía con champán, está aquí.   

IsidroMoreno

 

ESA NO ES MI CAMA

Un día, desde lo alto, me vi tendido en la cama con mi madre sentada al lado. Me inquietaba observarme a distancia y no reflejar mi imagen en el espejo. Al anochecer ya sólo podía ver una cama desnuda, sin mi cuerpo. Mi madre tampoco estaba allí, aunque pululaba errática por la casa, como yo, pero ella pisaba el suelo. Yo levitaba y fue divertido en los primeros años hasta hoy, que he intentado volver a descansar en la cama, pero ¡esa no es mi cama, madre!

Ya tampoco está mi madre. Empiezo a cansarme y a dudar de mi existencia.

IsidroMoreno

(Para la página «El bic naranja. Viernes creativos». Sept.20)

LA LLAMADA

Todo empezó con un leve arañazo en la oreja mientras hablaba por el móvil. Cuando en el bolsillo me volvió a pinchar, observé que en una esquina del teléfono había surgido una pequeña astilla de cristal. La corté y pulí. Al día siguiente, el bolsillo se me había mojado. Parecía haber brotado agua del teléfono. No le di importancia aunque no sabía a qué achacar aquella embarazosa humedad junto a mi bragueta. Al día siguiente lo olvidé en mi casa de campo que, al regresar del trabajo, estaba inundada. El agua bajaba en cascada por los cuatro escalones de la entrada. Dentro de la casa había hojas, algas y hasta algunas pequeñas truchas.

Han pasado cinco años desde que vendí mi casita de campo. Hoy he vuelto por aquel paraje y me ha sorprendido que ya no exista casa ni edificación alguna. En su lugar hay un estanque con aguas verdes, juncos, algas y otras plantas silvestres que lo rodean con un halo salvaje y misterioso.

De pronto ha sonado mi móvil con una melodía distinta que me ha recordado un teléfono que tuve hará unos cinco años. No era nadie, pero he notado que estaba húmedo y con barro.  

IsidroMoreno