UN ESPECTADOR

 

Desperté maniatado. La estancia parecía la mazmorra de un castillo. Un leopardo, dos perros, decenas de conejos y varias palomas invadían el lugar. En un rincón gimoteaba una señorita vestida de lentejuelas.

Intenté calmarme y recordar cómo había llegado hasta allí. Al fin logré zafarme de mis ataduras y, al acercarme a la joven, reconocí a la ayudante del mago que, amablemente, me había solicitado subir al escenario para colaborar en su número de ocultismo.  

 

IsidroMoreno