FLECHAZO

FLECHAZO

Con paso lento cruzaba el patio de la lujosa residencia. Detuvo su mirada en una mujer, que como muchos otros residentes, tomaba el sol sentada en uno de los bancos. Sin decir nada, tomó asiento a su lado. Sólo se miraron. Tras las arrugas en el rostro y la expresión ausente, aún se podía adivinar una belleza femenina que, como los rescoldos de una hoguera, certificaban lo que en un tiempo hubo.

Se presentaron mutuamente y el aura de cariño que surgió entre ambos les hizo olvidarse del resto de ancianos, de cuidadores y de muros de residencia. Se sentían entusiasmados y también sorprendidos por no haberse conocido antes.

Llegada la noche y como siempre, ambos fueron conducidos al dormitorio que venían compartiendo como buen matrimonio, desde hacía muchos meses, tantos que ninguno de los dos lo recordaba.

IsidroMoreno

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ARAYASHIKI

 

“ARAYASHIKI”

Sin mediar palabra, se separó del grupo guiado. A sus veintiocho años, era la primera vez que salía al extranjero y por tanto, la primera vez que viajaba a ese país, pero tanto el idioma como las calles de esa ciudad le resultaban sorprendentemente familiares. Dejándose llevar por un extraño sentido, se internó por estrechas callejuelas, cruzó recoletas plazas y finalmente, por algún extraño estímulo, se detuvo ante una puerta, llamó golpeando con sus nudillos. Amablemente solicitó entrar al anciano inquilino. Preguntó si mantenía, en una pared del patio interior, una pequeña placa de cerámica con la imagen de una virgen y un número en una esquina: 1816

El anciano, que habitaba la casa desde hacía más de cincuenta años, quedó estupefacto  al oír aquello. Sí, efectivamente existía  la decorativa imagen en cerámica  y además el extraño viajero, conocía perfectamente todas las dependencias y ciertos recovecos de la vivienda, sin embargo, jamás había entrado en aquella vieja casa

El joven viajero se sintió eufórico, pues, tras muchos años y múltiples visiones extrañas e inconfesables por ser más propias de un loco, se confirmaba su denostada teoría de Arayashiki o de la reencarnación y ese ignorado octavo sentido, le había mostrado su lugar de nacimiento, su lengua natal y su antigua casa en la que un día, él mismo engarzó en la pared una baldosa con la imagen de una virgen. Pero eso fue a principios del siglo XIX,  en su anterior vida.

 

IsidroMoreno

LA LÁMPARA

LA LÁMPARA

Cuando era niño, Aladino me regaló una vieja lámpara. Todos me hablaban de  mágicos poderes, genios y deseos solicitables. Era envidiado por mi suerte de poseer tan anhelado regalo  y feliz sabiendo que algún día, podría salvarme de alguna precaria situación o conseguir la felicidad.

La guardé durante muchos años pues, sólo observándola, me aportaba paz y temiendo a que la lámpara fuese de un único deseo, siempre la reservé para ocasión más crítica.

Hoy, día de mi noventa cumpleaños, he decidido sacar la lámpara y frotarla. He conseguido una lustrosa lámpara ante mí, pero no sé qué deseo pedirle.

 

IsidroMoreno

EL VIEJO PROFESOR

 

EL VIEJO PROFESOR

Explicaba como despejar la “x” de la fórmula mientras la escribía en la pizarra.  Lo hacía de espaldas a ellos y en voz alta,  suponiendo que si él hablaba, los alumnos no lo harían.

Despejada la fórmula algebraica,  se volvió hacia sus discípulos y vio que estaba solo, que la pizarra era el juguete de su nieta, que estaba en la cocina de  casa, que aunque  había sido su vocación frustrada, él nunca fue profesor.

Quedó asustado, pues desconocía si había sido un sueño, un vahído o los primeros avisos de una temida demencia de cuyo nombre no podía acordarse.

 

IsidroMoreno

(Texto de 100 palabras)

¡SOUVENIRS, SOUVENIRS!

¡SOUVENIRS, SOUVENIRS!

Entre bailaoras, toros, castañuelas y abanicos, proliferaban unos cuadros, con  balcones colgados de casas salientes en la roca. Se anunciaban: “¡Para dormitorio!” o como: “¡Especial para amantes!” o “Vistas con encanto” o “¡Mirando pa’ Cuenca!”

Este año la pareja extranjera adquirió ese nuevo suvenir, cuyo sentido no acababan de comprender.

 

IsidroMoreno

( © Texto de 50 palabras)