ESPAÑOLES, OS RECIBIMOS CON ALEGRÍA

 

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—Como jefe vuestro que soy, os debo una explicación y esta explicación que os debo, os la voy a pagar.

Desde su alto trono, el jefe de la tribu anunciaba la próxima llegada de los españoles. El pueblo escuchaba alterado a su líder. Nunca nadie los visitaba y aquellos españoles, al parecer, tenían algo de dioses.

Se adecentaron chozas, vertederos, sendas y caminos. Se ensayaron cánticos y danzas. Se hizo una colecta de dádivas para regalar a tan magnánimos seres.

El jefe memorizaba una larga relación de humildes deseos para su pueblo y que, en su debido momento, les solicitaría a los desconocidos y poderosos españoles.

Al amanecer de tan ansiado día, toda la aldea inca se hallaba engalanada y dispuesta para celebrar la ocasión. Atrás quedaban las pruebas, ensayos y preliminares.

Después de largas horas de espera y nervios, por fin, una nube de polvo se acercaba a la aldea.

En un breve lapso de tiempo, la densa polvareda que envolvía a aquellos desconocidos dioses a caballo, bordeó el poblado a escasos metros. También en un instante desapareció, dejando tras de sí algunas boñigas de equino y una machacada vereda sin hierba.

* * *

Cuatro horas después: Enfado, rostros de decepción, esperanzas perdidas, sueños rotos y vuelta a la realidad.

Cuatro meses después: Agradecidos a sus dioses. Alegría de no haber sido visitados y contagiados, de momento, por aquellos forasteros que al parecer dejaban poca cosa tras su paso.

Cuatrocientos años después: Berlanga nos narra en pantalla que, un tal Mr. Marshall devuelve la visita a los españoles; pero eso ya es conocido por todos.

IsidroMoreno

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PREMEDITACIÓN, ALEVOSÍA Y NOCTURNIDAD

 

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Comprobado el efecto del somnífero, le agarró el miembro y lo seccionó de un tajo con el cuchillo de cocina que ocultaba bajo la almohada.

La ambulancia no tardó en llegar, ella misma había avisado antes de amputarle el falo. No deseaba matar a su marido, solo anhelaba no volver a ser violada.

 

IsidroMoreno

SALVADO DE LAS AGUAS

 

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Me reanimaron a bofetadas, vomitaba agua salada junto a mi caballo muerto. Estaba rodeado por muchos de mis soldados, empapados y maltrechos.

Huíamos a todo galope sobre el lecho marino entre dos murallas de olas. Percibíamos la persecución, cada vez más cercana, del ejército enemigo. Antes de alcanzar la orilla con mis compañeros de la retaguardia, vi que nuestro jefe, Moisés, ordenaba que las aguas se juntasen.

Allí, bajo el Mar Rojo quedaron miles de enemigos egipcios con sus carros y caballos, pero afirmo que, el imbécil de Moisés vio perfectamente que su retaguardia israelita aún no habíamos cruzado.

Desde entonces, ambos nos profesamos una notoria ojeriza.

IsidroMoreno   

ADIVINO

 

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Siempre dijo que conocería de forma anticipada y por desgracia, la fecha de la muerte de su madre, de su esposa e incluso la suya propia.

Según una premeditación obsesiva, asesinó a su madre. Cuando confesó el crimen a su esposa, horrorizada, lo quiso denunciar y él le anunció que esa sería la fecha de su defunción. La mató.

Llegó el día determinado y escribió en su diario sus dos últimas palabras: The end. A continuación le abrieron la celda y, por última vez, recorrió el largo pasillo del corredor de la muerte hacia la sala de la silla eléctrica.

IsidroMoreno

ENIGMA DE LAS CUATRO PIEZAS

 

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Enfadado ante la empleada del comercio, el hombre explicaba las deficiencias del juego que había comprado a sus hijos, porque, como podía comprobarse, faltaban cuatro piezas de las treinta y dos que deberían componer el juego.

Al mismo tiempo y en alguna parte de nuestro universo, la dama, a lomos de un blanco corcel y abrazada a la cintura de su apuesto amante, concluían la fuga ante la torre del castillo donde, por fin, disfrutarían de su apasionado amor alejados de normas y lúdicas manipulaciones.

En el comercio, la desconcertada dependienta reponía, por enésima vez, las piezas desaparecidas de otra nueva caja de plástico: un caballo, una torre, la reina blanca y un alfil negro, completando así el juego de ajedrez.

IsidroMoreno

AMORES DE BATALLA

 

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La derrota era inexplicable. Todo apuntaba a una felonía cortesana. Pronto, las pesquisas se dirigieron a descubrir al traidor entre la propia corte.

El largo periodo sin enfrentamientos entre ambos bandos, había desencadenado unas relaciones muy estrechas en el angosto espacio reservado al descanso. Allí todos permanecían en una pacífica convivencia, mezclados sin considerar raza, condición social o jerárquica.

Una hermosa dama con tez de ébano había coincidido y compartido lecho con el rey adversario, convirtiendo su relación de odio enemigo, en ciega pasión.

Cuando al fin ambos ejércitos combatían sobre el tablero, la enamorada dama   de color, sin temor a la traición y en una ingeniosa y teatral estratagema, evitó dar jaque a su amante secreto, el monarca blanco.

El alfil negro, celoso y despechado, fue el delator.

IsidroMoreno