DESAHUCIOS

DESAHUCIOS

Los nuevos políticos tomaron sus puestos y ante la gran expectativa, desde el primer día, comenzaron a cancelar desahucios previstos en su ciudad.

En vista del éxito, los sufridos pagadores de hipotecas, también dejaron de atender los recibos de sus préstamos. Ya no temían  el desalojo de sus casas.

Los bancos dejaron de percibir cobros de préstamos y tampoco podían disponer ni vender las viviendas que, por impago, habían pasado a su propiedad.

A tenor de tanta eficacia política, los banqueros, con cacerolas, pancartas y pitos, marchaban en protesta, exigiendo no ser desahuciados de  los locales de  sus oficinas bancarias.

IsidroMoreno 

(Texto de 100 palabras)

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LA VIUDA

LA VIUDA

Sería la enésima boda de la famosa viuda millonaria y poseedora de todo tipo de bienes procedentes de sus anteriores maridos.

Un aprensivo grupo de escritores, estaba preocupado y ocupado en acaparar y almacenar miles de palabras, pues corría la noticia de que su último novio era un afamado escritor.

IsidroMoreno

(Texto de 50 palabras)

TEMOR EN EL BOSQUE

TEMOR EN EL BOSQUE

Habíamos vuelto a cambiar nuestra residencia y aunque yo aún no entendía el motivo, observaba que tanto mis padres como los nuevos vecinos, tenían un halo de preocupación que trataban de disimular cuando se encontraban ante los niños.

Intrigado por ese temor que como bruma, envolvía todo el ambiente, le pregunté a mi madre por aquello de los monstruos que le había oído en una sigilosa conversación con mi padre.

Con rostro de resignación y sin saber cómo empezar, me contó que últimamente estábamos perseguidos por unos seres malignos, de aspecto similar al nuestro, pero cuatro o cinco veces más grandes que nosotros, más feos que nuestra especie y que emitían fuertes sonidos guturales y extraños.

Nuestra nueva residencia estaba en pleno bosque y alejada de la ciudad, pero se temía por la visita de estos monstruos, que  generalmente cada siete días y  en grupos de individuos, se acercaban a nuestras viviendas y con gran estruendo de voces y armados de palos destrozaban cuanto veían a su paso y si lograban capturar a uno de nosotros, la algarabía crecía, se lo llevaban y jamás se volvería a saber de él.

Fui capturado y ahora me encuentro en una jaula sin techo a veces compartida con una cría de estos monstruos que, aunque no me tratan mal, yo me acuerdo de mi mamá y por las noches lloro.

Los monstruos nos llaman gnomos, nosotros les llamamos humanos.

 

IsidroMoreno