Los números de 2014

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2014 de este blog.

Aquí hay un extracto:

Un teleférico de San Francisco puede contener 60 personas. Este blog fue visto por 1.100 veces en 2014. Si el blog fue un teleférico, se necesitarían alrededor de 18 viajes para llevar tantas personas.

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¡OTRA GUERRA!

¡OTRA GUERRA!

El sol del amanecer apenas alcanzaba el horizonte cuando la paz fue turbada por ruido atronador de armas de fuego. Los miembros de la familia, sorprendidos, abandonaron sus confortables lechos corriendo en todas direcciones, aterrados y desorientados.

La temporada de caza había comenzado y las liebres ya no eran libres.

IsidroMoreno

(Micorrelato de 50 palabras)

EL REGALO

 

EL REGALO

Una vez reunidos todos los amigos, le vendaron los ojos al homenajeado Cándido y lo llevaron hasta uno de los dormitorios de la vivienda, para presentarle el magnífico regalo que le otorgaban al más joven de la pandilla que, aunque espabilado e inteligente, no dejaba de tener un aura de inocencia y candidez que hacían honor a su nombre.

Le dejaron solo ante su regalo. Ellos observarían secretamente tras la puerta.

En la cama, sobre la impoluta colcha de seda, resaltaban unas insinuantes curvas, cuerpo de textura suave, una estrecha cintura, un largo cuello y tonos cálidos, claros y brillantes, aunque los ojos de Cándido se clavaron insistentemente en el geométrico ornamento que enmarcaba aquel fabuloso agujero negro.

Su corazón latía desbocado ante tanta belleza deseada desde hacía mucho tiempo, por lo que Cándido, el día de su decimocuarto aniversario, no podía reprimir su deseo de tocarla.

La tomó en sus brazos y apoyándosela suavemente sobre las piernas, sus dedos comenzaron a acariciar aquel adorno de marquetería artesanal que rodeaba el agujero del instrumento y, acto seguido, comenzó a rasguear las cuerdas de aquella deseada guitarra.

La tomó en sus brazos y apoyándola suavemente sobre sus piernas, los dedos comenzaron a acariciar esa filigrana de marquetería artesanal que bordeaba el oscuro agujero del instrumento. Acto seguido, comenzó a rasguear las cuerdas de aquella deseada guitarra.

IsidroMoreno

LA MANCHA

 

Todo comenzó con una persistente mosca varada en la pantalla del televisor. La anciana no prestaba demasiada atención ni a la mosca ni a la televisión, pero en cierto momento reparó en que no podía ser que otro día más, la jodida mosca se posase en el mismo jodido sitio e incluso ¡hubiera engordado! Decidió por fin, levantarse de su cómoda mecedora para ahuyentar al insecto.

¡Sorpresa!, no se trataba de ningún bicho, sino de una mancha negra en la pantalla de plasma, que por mucho que insistía en su limpieza, la mancha no salía.

En los siguientes días, cuando conectaba el televisor, la enigmática mancha aparecía cada vez más grande, resultando auténticamente molesta para poder apreciar las imágenes.

Un día, al encender el aparato, comprobó que solamente podía escuchar los sonidos de los programas que se emitían, pero la pantalla era completamente negra. Sí, era completamente una mancha negra que amenazaba con desbordarse del marco rectangular que la albergaba.

Así ocurrió una mañana en que Herminia, único habitante de aquel modesto piso, comprobó que la mancha avanzaba por la pared y muebles de la estancia.

Finalmente Herminia decidió telefonear a su hijo, comentándole, como si de una banal anécdota se tratase, el caso de la mancha negra del televisor. El hijo quedó perplejo por aquella historia y al día siguiente, sin mediar palabra para evitar preocupaciones innecesarias, se desplazó hasta la vivienda de su madre  para comprobar por sí mismo aquella delirante historia de una anciana que quizás empezaba a sufrir alteraciones seniles.

Ante  la vivienda y con la oreja pegada  a la puerta,  pudo escuchar voces extrañas y otros ruidos que se le antojaron provenían del televisor. O quizá no, pero también salía un raro aire frío que comenzaba a inundar el ambiente en el rellano de la escalera.

Para averiguarlo, abrió enérgicamente la puerta, encontrando una oscuridad total en la que, sin titubeo alguno, penetró.

Un vecino del mismo rellano, observaba la escena desde su propia mirilla quedando atrapado por un pánico contenido y un frio que se filtraba también a su apartamento. Ante aquella misteriosa situación con la puerta de Herminia abierta, la oscuridad completa en la vivienda y la evanescencia del hijo, optó por llamar a la policía, narrándole lo visto o quizás lo imaginado, pero el panorama le producía cierto escalofrío y miedo.

Dos días después, la nuera de Herminia,  decidió denunciar la misteriosa desaparición de su esposo. Durante la espera, en una sala de la comisaría,  pudo leer en un periódico local, la desaparición de una pareja de policías que se dirigía a una vivienda de la calle Remedio, 13…

¡Horror! Era la casa de su suegra!

Han pasado veinte años desde las misteriosas desapariciones de mi padre, de mi abuela, de dos policías y no sé si otras gentes. Entonces yo era un niño, hoy he subido a un autobús que debía pasar ante la vivienda de mi abuela.

Pegado al frío cristal del autobús, divisaba el paisaje urbano, escudriñando los viejos y decimonónicos edificios que aún se erguían, con aire señorial en algunos casos.

Llegando a la calle Remedio, he puesto especial atención y tras el portal  número 11 y antes del número 15, sólo había un hueco sin luz; negro, como el siniestro hueco de una muela extraída en una vieja dentadura.

El autobús continúa, siento frío. No me bajaré hasta el final del trayecto y volveré a casa en metro.

IsidroMoreno