HELIOTROPOS

HELIOTROPOS

En la terraza del “Café Terrace”, de la Place du Forum, sentado en una silla y ante su caballete, un individuo de aspecto extranjero, con barba y pelo de color naranja y amarillo, a juego con la fachada del Café y con la lluvia de los rayos de sol, traza sobre el lienzo ocre, rápidas pinceladas en círculo que transforma en flores amarillas… heliotropos le llaman unos, tournesols le llaman los lugareños, girasoles les llamamos otros.

Un caballero de gallarda presencia, acercándose al pintor, comprueba con sorpresa que mantiene vendada la oreja izquierda, deduciendo que no tiene tal oreja.

Dirigiéndose al artista en un francés con acento británico le dice:

-Vous êtes Monsieur Van Gohg, n’est pas?  A lo que Vincent responde en un inglés con acento holandés:

-Yes,  Míster Holmes. Yes, I am.

-¡Entonces… esto es Arlès y estamos en Enero de 1889!

-Muy hábil Mr. Sherlock Holmes.

-¡Elemental querido Vincent!

 

IsidroMoreno

Notas del autor:

El Café Terrace, de la Place du Forum, en Arlès  (La Provence) es la famosa pintura de Vincent Van Gogh titulada “Café Le soir” (Terraza de Café por la Noche)

“La lluvia de los rayos de sol” expresión del propio Van Gogh con la que definía el paisaje y la luz de Arlès a su amigo Paul Gaugin

Barba y pelo de color naranja y amarillo… guiño del autor para referirse al color pelirrojo del pelo y a sus colores favoritos y predominantes en toda su obra pictórica.

“Les tournesols” (“Los girasoles” o heliotropos como nombre científico). Famosos siete lienzos temáticos de girasoles pintados en agosto de 1888 y en Enero de 1889

Sherlok Holmes, personaje ficticio coetáneo de Van Gogh que al ver la mutilación de oreja (diciembre de 1888) y la pintura de los girasoles (enero 1889), expresa su deducción detectivesca.

IsidroMoreno. Mayo-2014

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PROCESIÓN

PROCESIÓN

Cuatro docenas de anónimos nazarenos, apretados en estrechas filas portábamos la sacra escultura. Sólo el redoble de tambor rompía el silencio y nos marcaba el balanceo bajo un embriagador olor a incienso.

Disimuladamente me volví al compañero de detrás de mí, para decirle que me iba pisando y molestando mi marcha, a lo que él, lejos de disculparse, aunque en voz baja, me regaló una letanía de improperios e insultos a mí y a mi madre,  que me ofuscaron y enfurecieron. Quedamos que al final de la procesión nos veríamos las caras… “¡pedazo de C…!” –le dije- .

Realizada la entrada en el templo y con mi rabia contenida, hice ademán de que me siguiera hasta la calle. Su gesto afirmativo con cabeza y capirote fue acompañado de una sonora risa burlona que me indignaba.

Ya en la calle, furioso como estaba me volví a mi estúpido enemigo de procesión y observé que con grandes carcajadas se quitaba el capirote exclamando mi nombre en diminutivo.

¡Era el bromista de mi hermano!

 

IsidroMoreno