MIRANDO AL MAR

Una decena de postes están clavados en la arena de la playa. El nutrido grupo de amazonas de feroces y firmes rasgos se afanan en amarrar a diez hombres. Cuerpos desnudos. Manos y pies atados a los postes. Siempre ojos vendados y cara al mar.

Los varones presentan sus penes decaídos; seguro que también sus ánimos y esperanzas.

Solo se oye el romper de las olas. Ella, a quien llaman «la Guerrera», desciende de su caballo para iniciar el ritual. Enarbolando un machete se dispone a cercenar las pollas de esos elegidos. El resto de la comitiva femenina se ocupará de hacerle comer, uno a uno, su propia piltrafa sanguinolenta.       

Mientras escucha los gritos desgarradores de aquellos desgraciados, Guerrera recuerda sus propios gritos y los de su familia cuando, aún niña, intentaba zafarse a golpes de esos “seres queridos” que pretendían mutilarla. Consiguió huir sin ablación, pero con firme juramento de venganza.

IsidrøMorenø

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