LA JAULA

LA JAULA

Adriana se pasaba muchos ratos contemplando aquella jaula blanca, de finos barrotes blancos que custodiaban la libertad de aquel pájaro también blanco.

Cada tarde, cuando llegaba de la guardería, la preciosa niña  se acercaba a la jaula y saludaba alegremente a aquel inquilino que resultó ser inquilina ya que se llamaba Petra, según le puso por nombre la abuela de Adriana.

Petra no piaba, ni hablaba, ni saltaba. Siempre miraba fijamente al infinito como queriendo traspasar aquellos barrotes.

A Adriana no parecía importarle la inactividad ni la indiferencia de Petra, pues lo suplía perfectamente con la gran imaginación de la que hacía gala continuamente y que le permitía establecer acalorados soliloquios.

Un día, Adriana introdujo su pequeña mano en la jaula, extrajo la pajarita de papel y la lanzó por la ventana. Su abuela le preguntó por qué lo había hecho. La niña le respondió “Petra quería irse con sus  hermanos que vuelan por el cielo”

Al día siguiente, la jaula blanca estaba habitada por una preciosa rosa roja, también de papel.

Hoy, abuela y nieta están hablando a la rosa roja. La niña le sonríe. La abuela lleva en la mano…  un libro de papiroflexia.

 

IsidroMoreno.

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